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"Material Girls"; or a linguistic device made out of volume. 2016. Salón Ángela Cuadra, SWAB. Barcelona, Spain.
Works by: Teresa Solar / Belén Zahera
Hacia el final de su visita a la Gran Academia de Lagado, el viajero Gulliver encuentra en la escuela de lingüística quizá el experimento más interesante de cuantos llenan las numerosas salas de esta institución ficticia. En un intento por facilitar la comunicación y reducir el costo del lenguaje entre los embajadores de los países vecinos, una serie de proyectistas andan pergeñando cómo elaborar un lenguaje hecho de objetos.
Además de por la economía verbal que supondría el invento, la invención de este lenguaje estaría justificada también por motivos de salud, pues para estos filósofos resulta evidente que “cada palabra que hablamos supone, en cierto grado, una disminución de nuestros pulmones por corrosión” y por lo tanto, “contribuye a acortarnos la vida”. La apreciación, curiosa por cierta, nos pone tras la pista de un verbo que es asunto corporal; que es material tabú y cosa nociva para la dimensión física del ser vivo. Para estos proyectistas la palabra es equivalente a un antiguo humor caústico o una fatalidad gaseosa que degrada la salud de los habitantes. Al fin y al cabo, entienden la lengua como una sustancia tóxica y vulgar. Gulliver hace notar que la medida no ha llegado a prosperar socialmente y que de hecho cuenta con la oposición de “las mujeres” quienes precisamente, “en consorcio con el vulgo y los ignorantes”, se han rebelado contra la tiranía del progreso tecnológico y reclaman la “libertad de hablar con la lengua, al modo de sus antepasados”.
A partir de este relato en el que la sátira científica se topa por accidente con cierta tradición del pensamiento feminista, las obras de B. Zahera y T. Solar se nos presentan como una tercera vía en la pugna por el lenguaje. Sus trabajos nos hablan de la lengua como un objeto sin renunciar a ser cosa corporal; una cosa que es también forma de la mano o producto del gesto o de la cuerda vocal. Las palabras y los sentidos se encarnan en su práctica de forma imprecisa y provisional, nunca concluyente. Asistimos al baile de superficies en rotación, planos que se adaptan al cuerpo, o pliegues que encierran huecos pesados y densos.
En sus obras el lenguaje se manipula, se soba, adquiere la intuición de un animal informe. El material suda y se humedece igual que lo hace la mano caliente sobre una cerámica fría. Y al mismo tiempo el barro blando vitrifica y se vuelve una sintaxis seca. Una estructura frágil que se expresa en la lengua de la imaginación material. Que nos atrapa como lo hace un sumidero o un remolino. Objetos que se asemejan a ese centro de gravedad permanente, o a ese agujero de materia oscura por el que autoras como Judith B. o Donna H. entran hoy a ocupar el lugar de las estrellas del pop intelectual, mientras los versos de Madonna regresan como emblemas alquímicos, desatando lecturas invertidas del presente.