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"The Random Series"; or how to randomly act as a curator when the artist doesn't need one. 2015. Centro de Arte Alcobendas. Madrid, Spain.
Works by: Miguel Ángel Tornero
Un algo, un ritmo, un mundo fantástico.
Algunos artistas buscan trampas para capturar lo invisible; como a los poetas, les gustaría forzarlo a revelar alguno de sus secretos. Tienen la esperanza de que deje un rastro en su obra, un destello de su silencio. En mi opinión no es ninguna coincidencia que estos artistas, tanto como los poetas, se expresen ambos por medio de lo que comúnmente llamamos imágenes. Tanto en el terreno del discurso y la pintura, sólo las imágenes - esto es, un modo aproximado, ficcional y metáforico de expresión - pueden de alguna manera satisfacer una ambición tan compleja como la de dar forma a lo intagible. Este particular tipo de imagen se encuentra en el mismo corazón de lo fantástico, a caballo entre lo que en otras ocasiones he definido como imágenes infinitas e imágenes impedidas. Las imágenes infinitas son aquellas que son incoherentes por naturaleza, rechazando todo significado. Las imágenes impedidas sin embargo traducen a símbolos textos específicos que con el diccionario adecuado podemos recomponer, término a término, con un discurso equivalente; estas imágenes cerradas son por tanto misteriosas por accidente, sea porque su clave se ha perdido o porque se ha vuelto indiferente
Sobre estas y otras cuestiones tuve una agradable conversación con Miguel Ángel Tornero en una terraza de Tirso de Molina. Al parecer hay un creciente mercado del fotolibro que está generando cierta esperanza para los fotográfos, no tanto a un nivel económico – ya se sabe que ahí la cosa siempre aprieta – pero si en el trato, en la honestidad pasión del aficionado, en el interés que suscita la obra cuando esta puede adquirirse a un precio razonable y lorem ipsum quam ultrices ligula justo eu eget fringilla arcu intheger.
Sobre el arte, sobre las artes visuales, decía Hans Belting en una entrevista que es una etapa de la historia de las imágenes iniciada en el renacimiento que probablemente haya llegado a su fin. Yo me atrevería a añadir que esta decadencia del régimen estético renacentista también afecta al conocimiento y, concretamente, a la manera en la que presenta sus avances con pretendida transparencia – no en vano el renacimiento es también conocida como la “era de los descubrimientos”. En cualquiera de los dos casos, arte o conocimiento, no cabe duda de que gran parte de la producción estética que merece la pena se ha desplazado a otros lugares – algunos llevan más de 100 años predicándolo – pero sólo recientemente, y empujado por la crisis del sistema democrático, la crítica institucional de los 60 tiene una nueva – y corta – ventana de oportunidad para terminar de cuajar.
Olivier de Magny decía de Locus Solus que cada “máquina” de Roussel es un análisis objetivo de analogías imposibles por aplastantes. Meticulosas en su delirante complejidad, estas descripciones-máquina, automatizadas, azarosas, random, van generalmente acompañadas de una demostración de cómo funcionan, de una explicación de sus orígenes, de su razón de ser y de las múltiples alusiones que hacen, como por capas, al pasado histórico o legendario. Nos conducen hacia la promesa de (cantando) un mundo fantástico; lleno de seres extraños; el amo del calabozo; nos dió poderes a todos; tú el bárbaro; tú el arquero; acróbatas, magos; y yo el caballero; dragones y mazmorras; un mundo infernal; se oculta entre las sombras; la fuerza del mal; (bis). Aunque sentimos que son inteligibles, su significado se aleja según nos aproximamos. Nos abandona, para dejarnos como viajeros varados en el centro de un laberinto de conjeturas, prisioneros en el corazón de un mundo problemático, o lo que es lo mismo, un mundo fantástico.